lunes, 23 de abril de 2012

Quieren ahogar y tumbar al gobierno. Publicado en Página 12


Nota publicada en el Diario "Página 12".
Buenos Aires, sábado 11 de julio de 2009, página 6

QUIEREN AHOGAR Y TUMBAR AL GOBIERNO

                                   
                                                                                               Norberto Alayón *

* Profesor Titular Regular y Ex Vicedecano
   de la Facultad de Ciencias Sociales-UBA           


“No le vamos a dar ni un minuto de respiro” al Gobierno, expresó un diputado del partido Unión PRO, según crónicas periodísticas del 8 de julio. Según la prensa, la expresión “se refería a la decisión del amplio arco antikirchnerista de impulsar una sesión especial en la Cámara baja, con el objetivo de impulsar una serie de temas, con la baja de las retenciones al agro como bandera”.

¿Será una mera y casual expresión altisonante de un legislador desbocado, embravecido, o embebido ante el reciente resultado favorable de las elecciones? ¿Por qué no quieren que el Gobierno respire?

¿Será éste el modo de mantener y preservar la estabilidad institucional y democrática, que los distintos líderes opositores, previo al acto electoral, se empeñaban en resaltar que defenderían a ultranza?

¿Y las reiteradas invocaciones propagandísticas de la oposición que mencionaban que era necesario el “consenso” entre los distintos actores y sectores, que había que desterrar el “estilo violento, confrontativo y agresivo” del Gobierno, convocando a una especie de “paz vacía”, negadora del conflicto?

Y si el lenguaje pre-electoral edulcorado, vacío, a veces de tinte beatífico, con una apariencia (sólo apariencia) inodora, incolora e insípida, constituía la “propuesta superadora”, ¿por qué a tan pocos días de las elecciones se le quiere quitar el aire al Gobierno, rescatando y llevando a cabo un accionar que propone el conflicto, a partir del intento de “cortarle la respiración” al adversario?

Hechas estas primeras preguntas, aparentemente cándidas, vayamos al grano.

En primer lugar, resulta obvio que ese diputado de Unión PRO no se extralimitó en las palabras y que sólo verbalizó lo que, antes y después de las elecciones, representa el pensamiento genuino de los sectores de poder más concentrado, que vieron afectados sus intereses (en lo económico, en lo ideológico, en lo cultural, en lo religioso, etc.)

El conflicto, y mucho más en la arena política, es inherente al comportamiento de los hombres, en la defensa y lucha por los intereses no idénticos que todos tenemos o representamos. El conflicto de intereses siempre existe, aún para los que aparentan no creer en los conflictos y hablan huecamente del “consenso”, para disimular sus propios intereses.

El gobierno actual, a pesar de sus objetivas limitaciones y debilidades, a pesar de sus vacilaciones y claudicaciones, algo habrá hecho para que el agitado agrupamiento de los sectores conservadores de la sociedad no lo quiera “dejar respirar”. No lo están atacando por las cosas que hace mal o que deja de hacer. Lo están atacando precisamente por aquellas cosas (insuficientes) que hizo bien.

Y buscan debilitarlo para que no siga avanzando en la defensa de los intereses del conjunto de la sociedad. Si lo ahogan, si lo acorralan, si minan su poder, les será más fácil entonces imponer y preservar sus intereses particulares, ajenos a las mayorías populares.

La oligarquía, que a partir de sus inconmensurables ganancias fue construyendo un típico comportamiento parasitario, y la alta burguesía, que se apropió también de un estilo prebendario y de poco riesgo, tienen una muy clara conciencia de sus intereses de clase. Y actúan firmemente, sin vacilaciones, con todos los recursos materiales y simbólicos, cuando algún gobierno osa siquiera rozar sus cuantiosas y frecuentemente mal habidas ganancias.

Y estos sectores no se sienten cómodos con el funcionamiento democrático -aún débil, imperfecto y vacilante- y mucho menos con los proyectos populistas. Basta observar el apoyo y participación directa de muchos de sus representantes en las dictaduras de 1966 y 1976. La Sociedad Rural Argentina registra una trayectoria impecable y coherente en ese sentido; y hoy también constituye un ariete significativo en las tendencias destituyentes. Funcionarios de las dos últimas dictaduras, hoy continúan su activa y relevante participación en el partido Unión PRO, que suele presentarse como impulsor de la “nueva política”. En el campo del periodismo político o directamente de la política, expresada a través del accionar periodístico, Mariano Grondona refleja un caso paradigmático, altamente eficaz y representativo de esos intereses. En el terreno de los medios de comunicación, y en particular de los diarios, el tradicional matutino La Nación, es una oda histórica sin grietas.

Hoy, la anulada Resolución 125 y la firme avanzada por la reducción de las retenciones, apunta a dos objetivos claves: el primero, como siempre, es preservar las mayores tasas de ganancia de los sectores económicos altamente concentrados, que no dudan –por su propio interés de clase- en ningún momento, en la defensa de un país para pocos, lo cual ya contiene en sí mismo, una clara perspectiva antidemocrática. Y el segundo, que se desprende automáticamente del primero, es escamotear recursos para una distribución más equitativa de la riqueza nacional, lo cual le quitaría oxígeno al Gobierno, aumentando su debilidad y arrinconándolo cada vez más hacia el retroceso y empujándolo hacia el precipicio.

El diputado del partido Unión PRO no hace más que decir la cruda y cruel verdad. No quieren que un proyecto distinto, aún balbuceante y contradictorio, “respire” y prospere. Lo quieren ahogar, y si logran que quede exhausto y con mínima respiración, tendrán las mejores posibilidades para derrotarlo y enterrarlo.

Desde adentro y desde afuera del Gobierno, convendrá visualizar claramente esta dura encrucijada, que requerirá detectar, utilizar y liberar las mejores fuerzas, en todos los campos, para profundizar la construcción de una sociedad más justa, con empleo y sin pobreza, con salud y educación para todos.

Con “aire” solamente el Gobierno no podrá garantizar estos objetivos; pero si no lo dejan respirar terminarán tumbándolo, y si ello desgraciadamente llegara a acontecer, por el principal accionar de los sectores conservadores y de los aliados objetivos, pero también por la inacción o la ceguera de los gobernantes, no perderá sólo el kirchnerismo, perderá el país todo.

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