lunes, 23 de abril de 2012


CARTA PARA MIS AMIGOS NO MACRISTAS

Junio de 2007

Estoy preocupado y creo que también un poco triste.

En estos últimos días, después del resultado de las elecciones del 3 de junio y ante el ballotage del 24, he comenzado a receptar directa o indirectamente informaciones que dan cuenta que conocidos y hasta amigos, están pensando en no ir a votar o bien votar en blanco en la próxima elección de Capital Federal.

Demás está decir que no se trata de gente simpatizante de la “derecha”, ni que no pertenezca al amplio espectro del “progresismo”. Se trata de gente con aspiraciones y objetivas contribuciones para el mejoramiento de nuestra sociedad. Precisamente porque se trata de personas con este perfil, es que me siento preocupado y con una sensación de punzante desaliento.

Casi no resulta necesario, entre ellos y yo, hablar del significado de la “derecha” y de las propuestas conservadoras y de los impropios antecedentes de los líderes más conspicuos del PRO, como tampoco de las limitaciones y de las graves deficiencias del gobierno actual.

Pero estoy convencido que el peor de los desalientos por las defecciones o incumplimientos, no nos debe empujar a reforzar objetivamente el proyecto de la “derecha”, aunque uno no sea –como en este caso- alguien de derecha.

Con frecuencia, ciertos procesos sociales y políticos se presentan como un gran torrente de agua limpia que también arrastra lodo. Es decir, con serias limitaciones, pero también con enormes posibilidades. Con grietas y claudicaciones diversas (que es cierto que colaboran objetivamente a fortificar el campo de la derecha), pero también con aciertos que requieren ser apoyados y profundizados, desde adentro y desde afuera.

Los proyectos de la “derecha” ni siquiera contienen la contradicción del agua limpia junto con el lodo. Suelen aparecer como una promesa de agua destilada y cristalina, pero mis amigos y yo sabemos de sobra que contienen cianuro para las mayorías.

Y sabemos que no se trata de “buenas” o “malas” personas, sino de férreas ideologías que se implementan y desarrollan, independientemente de la voluntad individual de las personas.

La legítima rabia por todo lo mejor que se debería y se podría hacer (y que no se hace suficientemente), no debería habilitar a terminar fortaleciendo aquellas alternativas conservadoras, que seguramente van a hacer peor las cosas.

Casi con seguridad, Filmus evidenciaría contradicciones y fisuras, pero ¿qué contradicciones y fisuras presentaría el proyecto de Macri y sus seguidores?  El campo de la “derecha” suele tener más solidez y “conciencia de clase” (para usar viejos términos), que el campo del lábil “progresismo”.

Brindar objetivo sustento a Macri, aún por medio del voto en blanco o de la ausencia al comicio, ¿va a escarmentar o mejorar las debilidades del gobierno actual? ¿va a contribuir a generar una verdadera fuerza “progresista” y alternativa?  Si gana Macri, y peor si gana por mucha diferencia, seguramente será malo para la Capital Federal y para el país y retrocederemos aún más en los distintos órdenes de la vida.

Recuerdo que en los 60, cuando yo empezaba a votar en esta nuestra Buenos Aires, ya leía pintadas en las paredes que, con un mensaje irreductible y aparentemente exento de contradicciones, decían: “gane quien gane, pierde el pueblo”. En esta ocasión -como en tantas otras- a lo mejor el pueblo no gana totalmente, pero siempre es bueno que pierda lo menos posible.

Ustedes saben que yo no tengo en la actualidad militancia política, ni mucho menos adscripción partidaria. Y que esta posición cívica mía no está guiada por la intención de obtener algún beneficio, cargo o reconocimiento de las autoridades actuales (lo cual seguramente no se produciría).  Se trata simplemente de mi opinión, que yo la valoro, por cierto -sólo tal vez- porque es la mía.

Yo sufrí en carne propia, cuando estuve preso en 1976, la soberbia, el autoritarismo y la brutal discriminación, de algunos importantes referentes políticos que hoy desempeñan altos cargos en el Poder Ejecutivo y en el Poder Legislativo. Ayer y hoy yo estaba convencido que así no se construía “el hombre nuevo” que aspirábamos en los 70.  Y como mis conocidos y amigos saben que yo no soy una persona religiosa, ni mucho menos un excelso hombre superior y magnánimo, les cuento que sigo teniendo un fuerte resentimiento por lo padecido por el irracional accionar de algunos de aquellos “esclarecidos revolucionarios”.

Pero aún así, les digo que no me voy a permitir obnubilarme. El 24 de junio, para mí, no dará lo mismo votar por uno o por otro. Ni tampoco será lo mismo votar en blanco o no votar, que votar efectivamente. Ambos proyectos no son la misma cosa. No será lo mismo para la ciudad y para el país, que gane uno u otro. Y los resultados se van a percibir clara y rápidamente, sobre todo -en sentido negativo- si gana nuestro “amigo” Macri. Y ni qué decir, si llega a ganar por una mayoría significativa.

Pero si toca perder numéricamente (lo cual lamentablemente es probable) creo que saldré del cuarto oscuro rumiando amargamente, pero también evocando nuevas esperanzas para Buenos Aires y para el país todo. Porque nos vencerán, pero no nos convencerán. Y porque seguirán habiendo caminos y habrá otras elecciones y la historia nos deparará mejores momentos, para ver aunque sea un poco más de cerca la sociedad que ustedes y yo anhelamos.

Pero, por ahora, si gana Macri, seguro que nos alejará de esa sociedad deseada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario