sábado, 9 de septiembre de 2017



LAS ISLAS MALVINAS FUERON, SON Y SERÁN ARGENTINAS.
Se agradece compartir.

Nací en 1945, en mi casa paterna de Matheu 2133 del barrio de Parque Patricios, de la ciudad de Buenos Aires. Mis padres, obreros tabacaleros, me inscribieron en la escuela primaria (pública) “Miguel de Azcuénaga”, ubicada (hasta el día de hoy) en la calle Pichincha y Brasil.
Desde el primer grado, en las pizarras del colegio, las maestras escribían con tiza “Las Islas Malvinas fueron, son y serán argentinas”.
Hoy, con enorme decepción e indignación, repudiamos profundamente que la Asociación Rural del Uruguay, que es el equivalente en el país hermano de la oligárquica Sociedad Rural Argentina (SRA), haya organizado una exposición en Montevideo habilitando un stand montado por la embajada británica, donde se difunde y propagandiza al gobierno de las “Falkland Islands”.
El gobierno argentino debería exigir inmediatamente que se corrija semejante afrenta al interés nacional.
Los usurpadores internacionales de ayer y de hoy cuentan, como siempre, con el respaldo y apoyo de los tradicionales sectores antinacionales. Pero más allá de la adversidad histórica coyuntural, les avisamos a los terratenientes uruguayos y argentinos, y a todos los anglófilos de ambas márgenes del Plata, que las ISLAS MALVINAS, como nos enseñaban nuestras maestras de delantal blanco, FUERON, SON Y SERÁN ARGENTINAS.

martes, 5 de septiembre de 2017


NOTA "LA 'GENTE BAJA' Y LAS CLASES SOCIALES" 
Publicada en el sitio del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE)
Norberto Alayón
Profesor Consulto de la UBA





Juan Cruz Varela, hermano de Florencio, fue un escritor y político argentino, instigador -junto a Salvador María del Carril- del fusilamiento de Manuel Dorrego, perpetrado por Juan Lavalle. En 1828, después de la caída del gobierno popular de Dorrego, desde Montevideo escribió los siguientes versos: “La gente baja ya no domina y a la cocina se volverá”. Fantástica y desgraciada oda antipopular, que refleja el pensamiento de muchos, de ayer y de hoy. Lo que estaba y está por supuesto también en juego en la actualidad, es la disputa por quién ejerce el poder: uno u otro sector social.

¿A quiénes se refería Juan Cruz Varela con la expresión “gente baja”?  Obvio que hacía referencia a los sectores más postergados de la sociedad. La “gente baja” no debía, no podía (según la clase social que representaba o a la que adhería Varela) abandonar la cocina y aspirar a otro tipo de reconocimientos y derechos. Fundamentalmente derechos. De eso se trata, en definitiva: derechos y bienestar sólo para algunos o derechos y bienestar para todos.

En ese sentido, Varela tuvo un atildado discípulo: Javier González Fraga, un empresario y político de la Unión Cívica Radical, actual presidente del Banco Nación del gobierno conservador de Mauricio Macri. En mayo de 2016, González Fraga cuestionó los estímulos al consumo general que había impulsado el gobierno anterior de Cristina Fernández de Kirchner con una expresión célebre, que le encantaría a Varela y que abominaría Hipólito Yrigoyen: “Le hicieron creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”.

En síntesis, para el radical González Fraga: celulares, plasmas y viajes al exterior estaría bien para algunos sectores sociales, pero no para todos los habitantes. El duro interrogante que perdura es ¿cuánto admite y soporta de igualdad o cuánto prefiere de desigualdad la sociedad en la que vivimos?

“Gente baja” hoy día sería la población denominada o caracterizada como sectores populares o, en las expresiones más clasistas, discriminatorias y hasta racistas, los “negros”. Los “negros” de hoy son la “gente baja” del Varela de ayer. La “alta sociedad” construye, confronta, desvaloriza y reprime a la “baja sociedad”, es decir a los “negros”, a la “gente baja” de Varela.

Cuando los “negros” acceden a mejores condiciones de vida, a más derechos, a través de proyectos políticos de carácter nacional-popular o populistas se desata la ira de los Varela de ayer y de los Varela de hoy, que temen ver debilitada su posición social o bien limitados o cercenados sus privilegios. El odio que se despierta en las clases altas, en sus representantes y aún en muchos ingenuos (ilustrados o no) es de una contundencia tal que, con frecuencia, traspasa los límites del propio funcionamiento democrático y adopta modalidades autoritarias y hasta la instauración de dictaduras frontales, según los distintos momentos históricos y las particularidades de los diferentes países.

Como una obviedad, como una “verdad de Perogrullo”, hay que recordar que las clases sociales existen. Y que portan intereses diversos y hasta antagónicos. ¿Qué clases sociales estaban -además de los intereses centrales de los Imperios- detrás (y adelante) de las dictaduras de Batista en Cuba, de  Somoza en Nicaragua, de Pinochet en Chile, de Duvalier en Haití, de Stroessner en Paraguay, de Trujillo en Dominicana, de Ríos Montt en Guatemala, de Banzer en Bolivia, de Castelo Branco en Brasil, de Bordaberry  en Uruguay, de Videla en Argentina, de Fujimori en Perú, entre tantos otros casos? 

La lucha por el poder es, obviamente, consustancial del accionar de los políticos, y no sólo de los políticos sino de los seres humanos en general. De lo que se trata es de identificar básicamente la posesión y el ejercicio del poder para qué, para contener y representar qué intereses y de qué sectores sociales.

La política es una vocación y también una suerte de profesión que requiere identificar principalmente los grandes objetivos y proyectos que subyacen en los actores intervinientes. Cabrá, entonces, reconocer en primera instancia el carácter de clase de los diversos proyectos. Habrá que saber diferenciar y posicionarse, por ejemplo, entre el comportamiento presuntamente serio, impoluto y hasta “democrático” de la barbarie de las clases sociales privilegiadas y el accionar turbulento, sinuoso y hasta con importantes defecciones del campo popular y sojuzgado. Hay quienes representan o bien defienden (aún a veces sin pertenecer) a los sectores privilegiados de la sociedad, y hay quienes se inclinan hacia la defensa de las clases y sectores más desfavorecidos.

¿Los proyectos nacionales-populares de las últimas décadas en América Latina (Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay) fueron totalmente virtuosos como para que no le cupieran críticas? Desde luego que no; contuvieron contradicciones, límites, errores. Como todo proyecto requirieron y requieren, sin duda, críticas. Pero fueron y son lo significativamente virtuosos, en favor de los sectores populares, como para que aquellos que aspiren a una sociedad más igualitaria no deban dudar en posicionarse en su firme defensa.

Los errores e inconsistencias del campo popular (notorios muchas veces) deben impulsarnos por supuesto a su corrección, pero manteniendo la necesaria lucidez para evitar colaborar y fortalecer (directa o indirectamente) a las clases sociales adversas al interés de las mayorías.

Tomemos otro ejemplo, del campo de los medios de comunicación, como es el caso del diario “La Nación” en Argentina, de orientación similar a otros importantes periódicos conservadores de América Latina. “La Nación” representa notoriamente a las clases sociales más acomodadas, adversarias sistemáticas y consecuentes de los intereses de los sectores populares, y aparece como una expresión comunicacional “seria, rigurosa, independiente, fundamentada, de nivel, sin errores de redacción y de ortografía”, pero simultáneamente intenta disimular su oprobioso posicionamiento clasista y claramente antidemocrático, aunque sus pulcras formas hagan creer -a los suyos y hasta a muchos ingenuos bienpensantes “republicanos” y “progresistas”- que los guía el interés general del conjunto de la población.

Una pregunta contra fáctica, pero de muy probable fácil respuesta: en este 2017, Juan Cruz Varela, aquel “demócrata” instigador del fusilamiento de Manuel Dorrego, ¿qué proyecto apoyaría? ¿el actual del macrismo o el anterior del kirchnerismo? Y el diario “La Nación”, fundado por el general Bartolomé Mitre en 1870, que se autodenomina como “una tribuna de doctrina” ¿qué proyecto apoya en 2017?

Yo aspiro modestamente -con seguridad al igual que Juan Cruz Varela, pero en sentido opuesto- a que mi corazón y mi cerebro permanezcan impregnados de indignación y rebeldía, ante el accionar de las clases sociales contrarias a los intereses y necesidades de los sectores populares, de los sectores vulnerados en sus derechos, de los sectores humildes, de los “negros”.  




martes, 29 de agosto de 2017



“EL GOBIERNO MIENTE” (se agradece compartir).

Ctera, la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, denunció que Mauricio Macri prometió en noviembre de 2015 construir tres mil jardines de infantes y NO CUMPLIÓ. Durante 2016 y los ocho meses transcurridos de 2017, no construyó un solo jardín de infantes.

Como es sabido, el gobierno conservador de la Alianza PRO-UCR cultiva intensamente el hábito de emplear falsedades, formulando cínicas y ampulosas promesas que, desde el vamos, resultan incumplibles. Pero que son muy útiles para engañar y confundir a muchos incautos dispuestos a creer cualquier cosa. Tal vez el ejemplo más miserable y cruel fue prometer “Pobreza cero” y luego aumentarla, como era esperable del proyecto neoliberal que encarnan, sin pudor alguno.

Muchas otras promesas del gobierno de Mauricio Macri resultaron absolutamente falsas. Repasemos rápidamente algunas: “En el primer mes de gobierno van a llover las inversiones”; “Reducir la inflación es la cosa más fácil para mi gobierno”; “No vamos a devaluar”; “Los trabajadores no van a pagar impuesto a las ganancias”; “Hay que expandir la economía, no vamos a hacer ajustes”; “No vamos a echar a nadie”; “No vamos a sacarte nada de lo que tenés”; “No vamos a perseguir al que piensa distinto”; “No voy a usar al Estado para provecho personal”; “Vamos a continuar con los avances en el CONICET”.

El 14 de abril de 2016, la ministra de Desarrollo Social de la Nación Carolina Stanley y su viceministro Gabriel Castelli acompañaron al presidente Macri en un acto de presentación del Plan Nacional de Primera Infancia. En esa ocasión Macri se comprometió a abrir mil Centros de Primera Infancia en todo el país en el curso del 2016 y amplió su promesa a cuatro veces más, es decir cuatro mil centros antes de que finalice el mandato en 2019. En la página web del ministerio de Desarrollo Social de la Nación, que conduce Stanley, no aparece ninguna información precisa acerca de la cantidad y la distribución de estos Centros, por lo cual la promesa presidencial y ministerial de los mil Centros en 2016 y los cuatro mil para el 2019 resulta de difícil constatación. Cabría saber, ya en agosto de 2017, por lo menos si la promesa de los mil Centros para el pasado 2016 se concretó o fue simplemente un altisonante anuncio incumplido de reiteradas y engañosas propagandas “PRO-populistas”.

Lo mismo acontece en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, gobernada desde hace casi diez años por el macrismo. El Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, el 13 de julio de 2015, prometió para ese año que “Vamos a llegar a los cien Centros de Primera Infancia en toda la ciudad”, en un acto en el que fue acompañado por Mauricio Macri, Gabriela Michetti, Diego Santilli y Carolina Stanley. Al mes de mayo de 2017 son setenta y dos los Centros de esas características que existen en la ciudad.

En abril de 2016, Gabriela Michetti formuló una cautivante propuesta de resignación: “sepan aguantar hasta que dentro de dos, tres o cinco años podamos salir adelante”. Lo manifestó en la provincia de Tucumán, en la misma ocasión en que describió que “la droga mata a los pobres como a la gente normal”, poniendo en evidencia la densidad intelectual y política de esta destacada dirigente del PRO, que hoy es la vicepresidenta de la Nación Argentina.

Los pobres, que en la sesuda reflexión de la vicepresidenta de la Nación, no serían “gente normal”, tendrán que seguir esperando y, mientras tanto, soportar estoicamente las mentiras reiteradas del gobierno actual.

lunes, 21 de agosto de 2017



“EL FUNDAMENTALISMO CATÓLICO”
Se agradece compartir.

Raúl (Tuni) Kollman es un virtuoso periodista del diario “Página 12”. Ayer falleció su mamá, nacida en Austria hace 103 años. Y hoy escribió en el diario: “Mi mamá fue parte de la generación que estudió en el colegio primario y secundario de Austria de los años 20 y 30, en un ambiente sofocante de antisemitismo. Todas las mañanas, mientras el 90 por ciento de los chicos cumplían con la obligación de rezar a la entrada del colegio, los chicos judíos debían esperar afuera. Había clases diarias de religión, pero los chicos judíos estaban excluidos. El proceso antisemita llegó al paroxismo el 12 de marzo de 1938, cuando Hitler entró en Viena y se concretó el Anschluss, la anexión de Austria a Alemania y al régimen nazi”.
Hoy, en Argentina, en la provincia de Salta, gobernada por Juan Manuel Urtubey, los niños no católicos (evangelistas, judíos, musulmanes, agnósticos, ateos, etc.) que asisten a escuelas públicas deben padecer el mismo proceso de exclusión que sufrió la madre de Kollman en la Austria pre-nazi, hace 80-90 años.
Todos los niños y niñas tienen el derecho a tener tal o cual religión o a no tener ninguna y se les debe garantizar el derecho a no padecer el fundamentalismo católico que reina en las escuelas de la provincia de Salta, donde se les imparte educación religiosa obligatoria y que los arroja, desde tan temprana edad, a la discriminación y a la exclusión simplemente por no ser católicos.