domingo, 19 de noviembre de 2017



“El Consejo Internacional de Bienestar Social (ICSW) y las Madres de Plaza de Mayo”
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El 18 de noviembre falleció en Buenos Aires Marta Vázquez, a los 90 años de edad. Era la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Tenía una hija, María Marta, secuestrada por la dictadura cívico-militar el 14 de mayo de 1976 a los 23 años y con un embarazo reciente. Buscó insistentemente, durante 41 años, a su hija y a su nieto o nieta, pero nunca pudo encontrarlos. 

El Consejo Internacional de Bienestar Social (ICSW), fundado en París en 1928 por el médico belga René Sand (1877-1953), es una organización no gubernamental mundial que representa a un amplio abanico de organizaciones de todo el mundo, involucradas activamente en programas de promoción del bienestar, el desarrollo y la justicia social.

En agosto de 1988, el Consejo organizó en Berlín (Alemania) la XXIV Conferencia Internacional de Bienestar Social. El especialista español Demetrio Casado, del Comité Español para el Bienestar Social, narró en una crónica de dicho evento lo siguiente:

“En el seno de la Conferencia se hizo entrega solemne del Premio “René Sand”, que esta vez fue otorgado a las Madres de Plaza de Mayo. El discurso de su líder fue el mejor de la Conferencia. También se puede decir que excedió en emotividad, eticidad y retórica a la generalidad de las intervenciones orales. Las Madres de la Plaza de Mayo tuvieron, por lo demás, un amplio eco en la prensa de Berlín. A propósito del premio que les concedió el ICSW cabe preguntarse, como en tantos otros casos: ¿quién premia a quién?, ¿quién obtiene más ventajas: las Madres de la Plaza de Mayo, recibiendo el premio “René Sand”, o el ICSW asociándose en la conciencia pública a las Madres?”

La imperecedera y justa causa por la defensa plena de los derechos humanos y la justicia, que denodadamente continúan llevando a cabo las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, contrasta fuertemente con la concepción del presidente argentino Mauricio Macri, quien en diciembre de 2014 prometió que si llegaba a la presidencia terminaría con “el curro de los derechos humanos”.

En el lenguaje coloquial de Argentina, la palabra “curro” es una suerte de sinónimo de estafa, engaño, fraude. Retroceder en la vigencia de los derechos humanos y sociales, tal como se verifica desgraciadamente en nuestro país en la actualidad, sí constituye una verdadera estafa y gravísima defraudación de los valores de dignidad, equidad y justicia que deben regir para todos los habitantes de la Nación.

lunes, 13 de noviembre de 2017



“Neoliberalismo y delitos de lesa humanidad”
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En julio de 2009, haciendo referencia a las transformaciones producidas por el neoliberalismo a lo largo de las últimas décadas del siglo XX, escribí: “el afianzamiento en América Latina de la perversa ola de darwinismo social que significaron las políticas neoliberales, cuyas dramáticas consecuencias para nuestros pueblos condenaron a millones de seres humanos al hambre, a la pobreza, a la enfermedad, a la muerte y bien podrían definirse como CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD”.(mayúsculas actuales).
En el Suplemento CASH de Economía del diario “Página 12”, del domingo 12 de noviembre, se publica un artículo de Javier Tolcachier, investigador del Centro Mundial de Estudios Humanistas, con el título “Giro a la derecha”. El autor manifiesta que “la pobreza en América Latina tiene cara de mujer, rasgos indígenas o piel negra, vive en el campo o en los suburbios y además, si es niño o joven, la desigualdad lo perseguirá durante toda la vida”.
Sugestivamente afirma que “para superar la desigualdad es preciso criminalizar la riqueza, incluso como DELITO DE LESA HUMANIDAD (mayúsculas mías), ya que conlleva el genocidio de cientos de miles de existencias”.
Asimismo señala que “Hablar con propiedad es hablar de la propiedad. Y hablar de la propiedad es hablar de violencia económica. Es hablar, en general, de actividad delictiva. Calificar a la concentración de riqueza como delito no es tan sólo una alusión a su inmoralidad, aunque dicha actitud antisocial deba ser repudiada sin ambages en el campo valórico. Puede constatarse sin mayor dificultad cómo en la génesis misma y en el transcurso del proceso de acumulación de riqueza, se verifican numerosos delitos…” Y agrega que “la corrupción, que tanto irrita a la prensa dependiente, tiene su origen en las empresas, no ‘en la política’. Corromper mediante dádiva, coima, prestaciones o apoyo electoral es para las empresas una práctica ordinaria que facilita ‘los buenos negocios’”.
Mencionando a la CEPAL, en relación a la necesidad de contar con fondos suficientes para que el Estado pueda llevar a cabo políticas activas de inclusión social, destaca que “basta constatar la actividad ilegal que desarrollan los sectores opulentos para impedir todo avance de los sectores más oprimidos de la sociedad. Una de las principales herramientas es la subversión fiscal. O sea la evasión. Unos 700.000 millones de dólares que están en paraísos fiscales pertenecen a personas de América Latina”.
En el caso de Argentina, los titulares de cuentas en guaridas fiscales reveladas en los Panamá Papers y en los Paradise Papers, bajo la modalidad de empresas offshore, que involucran al acaudalado empresario y  presidente Mauricio Macri, a familiares, amigos, ministros y funcionarios varios, contribuyen a convalidar la argumentación del articulista.

jueves, 26 de octubre de 2017



Comparto el Prólogo que escribí para el libro de Horacio Sabarots (compilador): “Crecer fuera de casa. La problemática de niñas y niños institucionalizados en la provincia de Buenos Aires”. Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Tandil. 2017

Prologar un libro de historias de vida como éste, cuyo título es “Crecer fuera de casa”, nos anticipa una lectura no liviana, no edulcorada. Nos coloca de antemano en una situación de percepción y tensión intelectual que casi permite avizorar el contenido del libro, aún sin haberlo leído.
Se trata de una propuesta cuya riqueza se centra en la posibilidad de abrir un debate serio e informado sobre una cuestión que moviliza sendas sensibilidades de distinto signo ideológico-moral: la institucionalización de niños, niñas y adolescentes tanto en los ámbitos institucionales de la penalidad juvenil, como en los dispositivos de cuidado alternativo.
“Crecer fuera de casa” nos induce a prepararnos para una lectura doliente, porque la sola mención del título ya da cuenta de la distorsión vigente y del componente de violencia que impera en una sociedad que desarraiga a los niños y adolescentes del lugar central que les corresponde: el hogar y la escuela. Porque ¿quién, en su sano juicio, desearía para sus hijos o nietos que vivan y crezcan fuera del hogar y fuera de la escuela?
Complejas, traumáticas, pero también corrientes (como no podría ser de otra manera, en el tipo de sociedad en que vivimos), las tres historias de vida de Paula, Francisco y Manuel articulan centralmente el contenido del libro, elaborado por cinco profesionales de distintas disciplinas (antropología, abogacía, medicina y comunicación).
Resulta sugestivamente interesante que una legisladora de la provincia de
Buenos Aires (María Isabel Gainza) haya acudido a la Facultad de Ciencias Sociales de una universidad pública, la del Centro de la Provincia de Buenos Aires, para solicitar e impulsar el estudio de esta temática.
En la Introducción, las y los autores destacan que el objetivo del libro pre-tende “aportar a la visibilización y reflexión de cuestiones críticas de la niñez más desfavorecida, que a veces se elige consciente o inconscientemente no mirar, y a poder escuchar más lo que los pibes y pibas nos dicen sobre lo que les pasa en sus vidas”.
En el capítulo en el que se analiza la perspectiva jurídica, se plantea el interrogante (pertinente y siempre recurrente) acerca de si las niñas, niños y adolescentes son sujetos de derechos. Esta es la pregunta que siempre nos hacemos los que nos dedicamos a esta temática. ¿Por qué y hasta cuándo nos tendremos que seguir preguntando lo mismo?
La pregunta, lamentablemente, sigue teniendo vigencia precisamente porque para no todos los niños y adolescentes del país sus derechos –a la alimentación, a la salud, a la educación, a la vivienda, a la justicia, a la participación– están plenamente garantizados. Más allá de los avances for-males en las normativas jurídicas, las lógicas institucionales tienden a preservar las tendencias al control y al disciplinamiento, básicamente, de los niños pobres y no a garantizarles sus derechos violentados.
Hacen bien en recordar en el libro que, según el fallido sentido común (que reproducen muchos jueces y profesionales), hay “niños” y “menores” en la sociedad, según pertenezcan a distintas clases sociales. La murga uruguaya “La Mojigata” declama: “Los que piden un triciclo para Reyes ¿qué son? son los niños. Los que piden una moneda en la calle ¿qué son? son menores. Los que juegan con juguetes de colores ¿qué son? son los niños. Los que hacen malabares con limones en la calle ¿qué son? son menores”.
Un desgraciado y lacerante tema que atraviesa el libro, lo constituye el suicidio del joven Manuel, mencionado en varios de los capítulos. Se quitó la vida en diciembre de 2014. Tenía 23 años y dos hijos, y desde los 14 años había transitado por numerosas instituciones penales. Los organismos
de “protección”, estatales y privados, no pudieron ayudarlo lo suficiente. Decidió concluir con su vida por “no dar más”. En ocasiones, expresaba desconfianza sobre la actuación de los profesionales intervinientes: “Ahí adentro aprendés a bancártela solo, sabés que no podés confiar en nadie, menos en los psicólogos que son los que hacen los informes para el juez”.
Con Manuel, como en tantísimos otros casos, la “sociedad” falló una vez más. Llegó tarde. Para graficarlo los autores consignan las estrofas del ballenato colombiano, popularizado por Vicentico: “Los caminos de la vida, no son lo que yo esperaba. No son lo que imaginaba. Son muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos. ¡Y no encuentro la salida!”.
Manuel, sobrepasado por sus duras y permanentes angustias encontró “su” salida. No la mejor, pero sí la que él –tal vez– pensó que le podría proporcionar el alivio final que no pudo hallar en el mundo en que vivimos.
No son los jóvenes los que están “en conflicto con la ley”, como expresa en su definición y en su uso esta categoría jurídica. Son las leyes las que están en conflicto con los niños, con los jóvenes, al no preservar sus derechos, al no garantizarles el acceso a una vida digna y a un humano desarrollo.
¿A quiénes se castiga más en nuestras sociedades? A los más pobres, a los más desprotegidos, a los más estigmatizados.
Los sectores sociales más vulnerados, ante la ausencia de oportunidades, son virtualmente impelidos a la delincuencia y luego son los más severamente castigados, configurando un férreo “círculo vicioso”, acerca de lo cual la sociedad no puede eximirse (cándida o hipócritamente) de responsabilidad.
La delincuencia y los delitos se construyen socialmente y luego, sólo en el eslabón más débil de la cadena, se aplican los castigos individuales, con la mágica creencia de haber solucionado el mal o para aliviar nuestra conciencia por lo que no hicimos oportunamente como sociedad para prevenirlos. Los adolescentes y los niños expresan y reconstruyen, con sus comportamientos, las características de la sociedad en la que viven.
Ciertas tendencias ideológicas tienden a distorsionar y enmascarar el real sentido de las cosas y de los procesos sociales. De ahí que se torna necesario desmitificar, con firmeza, todas aquellas concepciones que atentan contra la existencia de sociedades más fraternas y equitativas, defendiendo y valorando para el conjunto de los habitantes la igualdad plena de derechos.
Las sociedades que asumen modelos político-económicos con un gran componente de violencia estructural (como la pobreza y la exclusión, por ejemplo), terminan cosechando lo que siembran. De ahí que la clave debe ser siempre la prevención y no el castigo.
En suma, “Crecer fuera de casa” se trata de un libro que testimonia la cruda realidad por la que transitan muchos niños y adolescentes en el país, configurando –a la vez, de hecho– una clara y necesaria denuncia acerca de la flagrante violación de derechos que sufren estos sectores de la población.

Norberto Alayón
Profesor Consulto de la UBA. Ex Coordinador Ejecutivo del Grupo Nacional
para la Defensa de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia.

miércoles, 11 de octubre de 2017



 Nota “ANTE EL AVANCE DE LA DERECHA ANTIDEMOCRÁTICA”
 Publicada en la Revista "La Tecl@ Eñe" - Buenos Aires - Octubre de 2017


Norberto Alayón
Profesor Consulto de la UBA

Empiezo por el final: el próximo 22 de octubre hay que votar contundentemente por la opción de Unión Ciudadana y de otras alternativas de carácter nacional y popular en todo el país, para tratar de evitar que avance aún más el proyecto conservador y neoliberal de la Alianza PRO-UCR, liderada por Mauricio Macri.

Se tratará, una vez más, de una ocasión crucial que impactará significativamente -para bien o para mal- en el futuro del país. Por ello, es necesario reforzar al máximo la vocación de compromiso para defender los derechos adquiridos y el bienestar general del conjunto de la población. Será menester, también, preservar la suficiente lucidez para comprender las contradicciones principales que representan los proyectos en juego y sus respectivos candidatos. Y asimismo, evitar -aún resignando ciertas aspiraciones personales- los intentos de fragmentación del campo popular que impulsan los sectores más retardatarios de la sociedad, apañados y sostenidos por el enorme poder que deviene de la concentración económica y mediática y del apoyo judicial.

No resulta necesario abundar en lo que todo el mundo sabe o debe saber al momento de direccionar su voto el 22 de octubre: si triunfa el macrismo, el retroceso nacional será mucho peor aún. Intentar ponerle ciertos límites al proyecto conservador vigente y a sus políticas devastadoras, exigirá optar decididamente por aquellas propuestas electorales que encarnen con mayor posibilidad de éxito la oposición a la barbarie del modelo actual.

Los proyectos de la derecha, como el macrismo actual, son intrínsecamente antidemocráticos, en tanto su centralidad conceptual radica en la exclusión, en la subordinación y en la no existencia de derechos igualitarios para todos los habitantes. La democracia real va mucho más allá de los necesarios momentos electorales. Por otra parte, las formas operativas que suelen asumir los sectores de derecha mientras ejercen el poder, se caracterizan por su importante nivel de arbitrariedad.

Hace más de un año, en octubre de 2016 en el Congreso Nacional de Trabajo Social llevado a cabo en San Juan, hice referencia a la vigencia en Argentina, ya en ese momento, de un creciente sesgo autoritario que podría caracterizarse como una suerte de “dictadura democrática” o de “democracia dictatorial”. Hoy, diversas medidas del gobierno macrista  van convalidando lo preanunciado hace más de un año atrás.

Martín Granovsky, en “Página 12” del 18 de agosto pasado, escribió una nota donde analiza y pone en cuestión el escrito del día anterior del politólogo José Natanson, que definió al macrismo como “una derecha democrática y renovada”. Granovsky brinda trece ejemplos que evidencian la lejanía del funcionamiento democrático. Habría que agregar en ese listado otros nuevos ejemplos que se verificaron en estos últimos dos meses. Una derecha “renovada”, sí, ¿pero democrática?

Como ocurrió con otras elecciones, no hay que volver a caer en el error de subestimar a esta nueva derecha. Decía, con certeza, un líder de la política mundial que “el principio fundamental de la táctica es no subestimar la capacidad del adversario”. Y esto sucedió en los últimos años, al suponerse indebidamente que el macrismo se trataba solamente de mera frivolidad y agitación de globos amarillos y, a la par, dejar de visualizar a quién había que votar prioritariamente para que la derecha más dura no triunfara.

En 2007 escribí una “Carta para mis amigos no macristas” tratando modestamente de influir ante la inexplicable posición de algunos sectores “progresistas” que, entre la opción de Daniel Filmus y Mauricio Macri, preferían votar en blanco o a cualquier otro candidato. Ganó Macri y ahí no sólo lo empezamos a sufrir, sino que ese cargo le permitió ir consolidando su posición en la aspiración presidencial futura, que finalmente concretó en 2015.

En 2015, muchos no comprendieron que era preferible votar a Martín Lousteau (a pesar de su perfil también conservador), para evitar que ganara Horacio Rodríguez Larreta. Había que privilegiar un voto decisivo en contra de Larreta, para debilitar el ascenso de Macri. Ganó Larreta, lo sufriremos hasta 2019 y fortaleció la futura elección de Macri para la presidencia.

En el mismo 2015, la elección presidencial nos colocó ante la disyuntiva  central entre Daniel Scioli y Mauricio Macri. Una vez más surgieron las dudas de muchos confundidos o engañados, de muchos “progresistas”, de muchos “izquierdistas”, que no supieron identificar al adversario principal. Ganó Macri y aunque ahora muchos se expresan arrepentidos, el país -especialmente los sectores populares- lo sufre y lo sufrirá hasta 2019.

Cierro estas opiniones reiterando el párrafo inicial de esta nota: el próximo 22 de octubre hay que votar contundentemente por la opción de Unión Ciudadana y de otras alternativas de carácter nacional y popular en todo el país, para tratar de evitar que avance aún más el proyecto conservador y neoliberal de la Alianza PRO-UCR, liderada por Mauricio Macri.