lunes, 23 de abril de 2012

La UIA extraña a Juan Alemann


Nota publicada por el diario “Miradas al Sur”.
Domingo 31 de mayo de 2009 – páginas 6 y 7


LA UIA EXTRAÑA A JUAN ALEMANN                                                                                                    
                                                                                                                                                                                        Norberto Alayón *

* Profesor Titular Regular y Ex Vicedecano
   de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA


Nuestra Argentina no nos permite aburrirnos o, como en este caso, dejar de indignarnos.

Resulta que la Unión Industrial Argentina (UIA) le reclama a las autoridades argentinas que revea, es decir que impida, la incorporación de la República de Venezuela como miembro pleno del Mercosur.

La verdad que, en períodos democráticos, nadie está impedido de pedir o reclamar. Se puede pedir cualquier cosa. Pero éste no es un reclamo alocado de algún grupo gravemente afiebrado, en forma repentina, por la llamada gripe porcina.

Se trata de un grupo predominantemente consistente (con toda la amplitud de lectura que tiene esta cuestión de la consistencia) que quiere marcar terreno, que quiere advertir y condicionar al gobierno nacional, que se afana (perdón, por el uso de este verbo) en pretender fijar la política exterior.

Esta Unión seguramente tiene añoranzas de otros períodos, de otros gobiernos y de otros funcionarios, que servían más puntualmente a los intereses de las grandes empresas “argentinas”.

Hace ya mucho tiempo, el Dr. Juan Alemann (ex Secretario de Hacienda del dictador militar Rafael Videla y del dictador civil José Alfredo Martínez de Hoz) reconoció claramente que “…en definitiva, el Estado es el socio oculto de todas las empresas privadas”. Y hay que reconocer que tenía razón Alemann. En algunos momentos de la historia, el Estado es el “socio oculto” de las empresas privadas y en otros es el “socio desfachatado” que ya no necesita disimular, momentos en los cuales los sectores del gran capital despliegan obscenamente sus enormes privilegios, con toda soberbia y hasta como si se tratara de un hecho “lógico y normal”.

Quienes detentan el poder económico, apuntan a apropiarse o, por lo menos, condicionar el poder político, y también controlar el poder ideológico (la educación y los medios de comunicación de masas, es decir los canales de televisión, las radios y los diarios).

El caso de Argentina, con la dictadura cívico-militar iniciada en 1976, fue paradigmático y extremadamente revelador en este sentido. El Ministro de Economía de entonces (José Alfredo Martínez de Hoz), distinguido representante de los intereses de la oligarquía, operaba en función de los objetivos del proyecto general casi como el verdadero “presidente” del país, mientras los militares (detentadores del poder formal de conducción) eran el brutal y sanguinario instrumento de represión que hacía posible el modelo de acumulación, que -en definitiva- fue el comienzo en el país del neoliberalismo, que años más tarde se desplegó y se impuso arrasadoramente.

Cierta lógica de algunas grandes empresas argentinas (y también del mundo) parece funcionar de esta manera: cuando sus ganancias no son óptimas o cuando registran pérdidas, acuden y reclaman al Estado para que las proteja, para que las compense, para que las subvencione; por el contrario, cuando registran fabulosas ganancias, se “olvidan” del Estado, del interés nacional y de las necesidades del conjunto de los argentinos. Bonito modo de entender el propio lema de la Unión Industrial Argentina, que reza “Sin industria no hay Nación”.

En su Comunicado de Prensa, la UIA expresa una sentida preocupación porque “las decisiones sistemáticamente adoptadas por el Gobierno venezolano ponen en riesgo el proceso de integración regional”. Enhorabuena el sincero interés que manifiesta la UIA por la imprescindible y justa integración latinoamericana (aún inconclusa), que orientó las heroicas gestas de Bolívar, San Martín, Artigas, Morazán. Pero la UIA, ¿piensa en serio contribuir con la causa de la integración latinoamericana, reclamando que Venezuela no ingrese al Mercosur?

Cuando la empresa Sidor, del Grupo Techint, es nacionalizada por Venezuela, recibe una importante y justa indemnización de 1.970 millones de dólares, habiendo mediado una activa gestión del gobierno nacional. Cuando Techint recibe los primeros 400 millones de dólares de la indemnización, los deposita fuera de la Nación, en un banco internacional. Puede ser pertinente preguntar: ¿Techint es una empresa nacional o una empresa multinacional con capitales argentinos?

Seguramente Juan Alemann velaría mejor por los extendidos intereses de muchas de las empresas que integran la UIA.  Muchos empresarios “nacionales” se enriquecieron de manera exponencial e inimaginable con los negocios que encararon con el Estado argentino o con la protección del Estado, especialmente durante la dictadura cívico-militar y durante el menemismo, y también durante el alfonsinismo, la Alianza y el kirchnerismo. Para muchos empresarios, que se autodenominan “nacionales”, defensores intransigentes y a cualquier precio de sus intereses, lo primero es lo primero, y la Argentina después. Aunque, por supuesto, lo van a negar enfáticamente, muchos añoran y echan de menos a Juan Alemann, a su hermano Roberto (también ministro de Economía de la dictadura, embajador en EE.UU. y representante de la Unión de Bancos Suizos), a José Alfredo Martínez de Hoz, a quienes sin duda alguna correspondería enjuiciar y castigar por “traición a la Patria”.

Aunque no será una empresa nada fácil, por el tradicional perfil de los empresarios argentinos, será necesario e imperioso, para el verdadero bien del país, "nacionalizar" la UIA.

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